Fábulas de amor

Fábulas de amor

domingo

Sufres al desear lo que no tienes. Gastas la vida anhelando el milagro definitivo. Conseguirlo significa padecerlo; porque te decepciona, te daña, te duele. Empeñado en tu paraíso, día y noche, nuevo oficio: mudar en conveniente lo que no te conviene. Te postergas, te desvives, ya no cuentas, ya no eres; pretendes ser el salvador de aquello que te ha vencido. En lo alto odias; en lo profundo aún quieres. Lloras por no saber perder lo que nunca has tenido. Todo aquel que se haya enamorado, podrá desenamorarse. De hecho, todos los enamorados acaban desenamorándose. Aun contra su voluntad, los más bellos e ideales enamoramientos correspondidos, terminan por desintegrarse. No falla. Nacer supone morir; enamorarse supone desenamorarse. No son procesos independientes que existen por y para sí mismos, tienen más de complementario que de opuesto; son evaporación y lluvia de un mismo ciclo: dos de los procesos de otro proceso.
Puedes comprarte el gatito más bonito del mundo; pero por más alimento, medicinas y cariño que le des, algún día morirá. El gatito no es inmortal. Con el enamoramiento sucede igual: 

Lo imposible es hacerlo eterno.